En un lugar del mundo llamado

Jerez

Estamos en la región vitivinícola más importante del Sur de España, se conforma en un fértil triángulo creado entre los municipios de Jerez de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda y el Puerto de Santa María. Según Estrabón (geógrafo griego del siglo I a.C.), las vides que ya en su época se cultivaban en Jerez, habían sido importadas por los fenicios casi mil años antes.

Región productiva, asentada en una zona de tierras calizas próximas a la desembocadura del río Guadalquivir, que estuvo originariamente inundada por lagunas y marismas de agua salada que se conocían conjuntamente con el nombre de “Lago Ligustino”, una vez desecadas estas tierras, los sedimentos y fósiles que allí se fueron depositando durante millones de años, las convirtieron junto con su extraordinaria acumulación de humedad y sus prolongadas horas de sol directo sobre la vid,

en una de las mejores zonas vitivinícolas del Mundo y sin duda la mejor de clima cálido que hay en toda Europa.

Trabajando solamente con uva

Pedro Ximénez

Una variedad que llegó a la Península Ibérica durante el reinado de Carlos I de España y V de Alemania, cuando algunos campesinos de las riberas del Rin y Mosela fueron reclutados para constituir los llamados “Tercios de Alemanes” que conformaban los Ejércitos del Imperio Español y acompañaron al Emperador de regreso a España tras su proclamación en 1519.

Al parecer con el Tercio de Alemanes llegaron los viticultores que trajeron a España los primeros sarmientos de unas uvas desconocidas hasta entonces en la Península Ibérica. Se trata de un fruto con grandes similitudes a las variedades “Riesling”, “Weissable” y “Elbling”, pero tras desarrollar en España sus características propias durante casi quinientos años, ha llegado a no coincidir exactamente con ninguna de ellas.

Entre los pagos españoles donde brotaron las primeras cepas de esta nueva variedad destaca el “Pago de Los Tercios” en pleno corazón del Marco de Jerez, junto a la aldea de Las Tablas.No obstante está documentado que también Montilla, Málaga y Castilleja de Guzmán tuvieron cultivo de esta variedad. Si bien, con el paso de los años fueron los viticultores de Jerez y Montilla quienes asumieron mayor protagonismo.

El Origen de la uva Pedro Ximénez se sitúa geográficamente entre los ríos Rin y Mosela, y se vincula con el nombre de su primer viticultor en España,

que según la tradición oral, se fue deformando fonéticamente y cambiando el vocablo “Peter” por “Pedro” y “Siemens” por “Ximénez”. Esta teoría está documentada en la edición de 1636 de la obra “Cosmographía Generalis” publicada en Ámsterdam por el geógrafo holandés Paul Merula.

Siendo consecuente con

Nuestra Historia

Ximénez-Spínola es la bodega jerezana de los Sucesores de Phelipe Antonio Zarzana Spínola, cuya primera exportación documentada en protocolos notariales data de 1729 aunque en la bodega no se conservan manuscritos relativos a su actividad comercial hasta 1736 y sobre este cultivo varietal en particular, hasta 1752.

Las circunstancias de “Ximénez-Spínola” la convierten en una bodega única en todo el marco de Jerez, puesto que ninguna otro familia de tradición viticultora se ha dedicado y se sigue dedicando exclusivamente a la uva Pedro Ximénez, llegando a obtener el reconocimiento de las autoridades españolas con la concesión de la “Denominación Varietal Pedro Ximénez de Acreditación Propia”.

Nuestros vinos de acreditación propia, tienen un notable valor diferencial sin renunciar a ser parte de nuestra tierra en el Marco de Jerez.

Están desarrollados con técnicas creadas por nosotros mismos con las que nuestra familia se ha distinguido en los últimos años, por ser completamente diferentes a las elaboraciones actualmente amparadas por la D.O. Jerez-Xerés-Sherry.

Precisamente por estas diferencias a la hora de vinificar y destilar, Ximénez-Spínola continúa siendo una Compañía independiente y de carácter familiar sin interés por la producción de grandes volúmenes sino por calidad y fidelización de sus seguidores. En consecuencia, mediante acuerdo unánime del Consejo de Familia, toda nuestra producción está limitada y numerada, lo que convierte a cada botella en una pieza única, al tiempo que garantiza la calidad y excelencia de su contenido.

Nos gusta nuestra condición “Casa de Viticultores” que sigue asumiendo las decisiones importantes a través del Consejo de Familia o del Comité de Cata y Selección y a pesar de no querer desarrollar producciones altas, estamos muy orgullosos de satisfacer a nuestros clientes y de continuar en el oficio de nuestros mayores tal y como ellos lo harían si se encontrasen hoy en nuestro lugar.

Y manteniendo

la continuidad familiar

La tradición de una familia dedicada a la viticultura no está reñida con el afán de rodearse de los mejores colaboradores en cada una de las materias que forman parte de nuestros procesos de elaboración y gestión. Sin embargo,

hay productos que sin el alma y el aliento de una visión a muchos años, quizás siglos, no podrían existir.

Hoy en XIMÉNEZ-SPÍNOLA, ya en la novena generación desde la fundación de la compañía, trabajando como lo hicieron nuestros antecesores, con eterna gratitud a quienes dejaron iniciadas aquellas soleras que no pudieron terminar y poniendo nosotros mismos las bases de las elaboraciones con las que nuestros hijos seguirán grande nuestro nombre.